Clouds and Lead

2020.
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Sinopsis

2020.
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The silence or eloquence of images have long been disputed on semiotic grounds —afar from the narrative conveyed through words, an image apparently constitutes evidence of a moment in time. As a supposed report on the actual world, a trace of reality, the photograph has been used as a key element in the circulation of news. According to Susan Sontag, photography is “a tool of power”, a violent one; like guns and cars, ready to be loaded or ignited.

The image Paloma Polo elected for this audio-visual installation is one of a kind: the alleged evidence of a moment that has never existed. The supposed suicide of communist partisan Julián Grimau, while under arrest by the Franco regimen, was broadcasted as an impulsive act in the aftermath of his interrogatory in the very room portrayed in such picture. Both the chair he used to jump, and the window he crashed through, should be read as indexes of what later became known as a fake narrative, devised by the fascist authorities who had actually thrown Grimau out of that window, into the public walkway, hoping to finish him off after a brutal beating. He died, indeed, but at a later moment in time, killed by actual guns, under the sole testimony of a car’s headlights —and not by the “shot of a camera”, as in Franco’s visual propaganda.

The “unshaken truth” of the image produced by the authoritarian regime is thus contested by the artist’s voice over narration telling us about the reality tainting that image. The stillness of such photograph contrasts with the hastiness of storytelling as means of articulating the truth, even if a false one. A photograph, according to Sontag, “means putting oneself into a certain relation to the world that feels like knowledge—and, therefore, like power.”  Nonetheless, there also exists other forms of storytelling, and Paloma Polo has been searching for narratives that redress hegemonic ones.


Voice over text:

Quiero hablarte de alguien. Se forjó en el tránsito clandestino al que el franquismo le indujo, de un cuartito a otro de camaradas, deambulando entre identidades falsas y en la urgencia de citas y acciones conjuntas que debía apresurarse a orientar, pues su vida en sombras imponía intermitencia, clandestinidad y exilio. Hoy apenas se sabe quién fue Julián Grimau. Pero la madrugada del 20 de abril de 1963, cuando soldados franquistas le ametrallaron – ojos sin venda, faros de coches- el clamor mundial que su injusta detención había levantado alcanzó una violenta erupción.

Esa madrugada se oyó la voz de mando: -¡Fuego!.. su cuerpo, ensangrentado, yacía en tierra. Pero Julián no había muerto. Tres balazos disparados por un tembloroso teniente lo remataron. Tampoco murió Grimau cuando, un año antes e inmediatamente después de su detención, fue defenestrado en la Dirección General de Seguridad por esbirros franquistas que le querían asestar, golpe tras golpe, golpes letales. 

“Declaro ser miembro del Comité Central del Partido Comunista de España y me encuentro en Madrid para el cumplimiento de mi deber como comunista”, declaró Grimau. Un policía le espetó: “¿Sólo eso escribe?” – “Sólo eso”. 

La brutal paliza descompuso a Grimau de tal manera que los policías le creyeron muerto. El temor a las consecuencias de tal vileza les debió de empujar a fingir su suicidio. Más huesos se le quebraron a Grimau al ser lanzado por la ventana. Pero, desplomado en aquel callejón, sobrevivió. Esta vez, la presencia de transeúntes postergó los “tiros de gracia” que habrían rematado la abyecta faena, y que tal escena presagiaba. La muerte fascista no le atrapaba.

(cantando) Sólo nubes y plomo, lo presenciaron, Julián Grimau hermano te asesinaron, te asesinaron. Esta es una estrofa de la canción que Chicho Sánchez Ferlosio compuso en recuerdo de Grimau. 

Al recordar “la luz brutal, paralizante que arrojaba la muerte de Julián” ante el haz de los faros de coche, el camarada F.S dijo algo así: “…tal es la escena de esa muerte no vista, pero grabada en la memoria como si hubiera sido presenciada”. 

La fotografía que observamos es propaganda franquista. Es su retrato del despacho en el que interrogaron y torturaron brutalmente a Julián Grimau. En su pie de página se puede leer: “Después de firmar su declaración, Grimau se dirigió rápidamente a la ventana, se puso de pie sobre la silla que aparece en la fotografía y desde ella, tras romper el cristal, como puede apreciarse, se lanzó al callejón de San Ricardo”. Es posible que esta cuartilla se emplease como prueba en el juicio sumarísimo o que le sirviese a Manuel Fraga para escribir su panfleto: “Julián Grimau. ¿Crimen o Castigo?”.  Tal es la veracidad de la impresión fotográfica que sostiene el discurso fascista.

Sólo nubes y plomo, lo presenciaron…: el canto amargo de Chicho nos recuerda, al observar esta fotografía, que lo ocurrido ahí sólo fue presenciado por una ventana, una silla y una mesa. Los verdugos y sus cohortes no fueron testigos. 

La memoria de esta muerte no vista, que muchas conservamos, es más corpórea.